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“FELIZ AÑO”

Ahí estaba, con la mirada como los perritos en espera de un castigo o de un hueso, Esa maldita costumbre que tienen los médicos de no hablar alto. Esa maldita costumbre que tienen de juntarse a los pies de la cama. Hacen una rueda y se juntan dos o tres médicos, dos o tres enfermeras o enfermeros según el caso.

Mientras que otra enfermera(o) termina de dejarlo a uno como el hijo de “RoboCop”. Los ojos voltean por todas partes, siguiendo las instrucciones de las dos enfermeras que están a cada lado.

Una toma la presión y pone cables por todos lados, otra lo pincha a uno dependiendo lo buena que sea para eso, si tienes suerte con una sola vez, si no, pues te aguantas hasta tres veces para dejarte una aguja por la cual correrá el suero y cuanto químico se les antoje poner en tu cuerpo.

Una vez que estas entubado, llegan con píldoras que no sabes que es y a tomártelas. Un rato después llega el médico(a), se presenta y te pasa un breve informe de lo que te van hacer de acuerdo a lo que expresaste que sentías, y ahí estas, empiezas a relajarte, empiezas a sentirte adormilado, después de un rato te duelen las nalgas porque no te preguntan si esa es la posición en que te sientes cómodo y la cama en la que estas no tiene forma de que tú la puedas maniobrar a tu antojo. Ves que llega nuevamente la enfermera y te dice que el doctor ha ordenado otros analices y nuevamente te sacan un “tubototote” de sangre.

Después de hora y media cuando apenas la “hidrocaine” está haciendo efecto nuevamente empiezan a llegar de uno por uno y se forma la ruedita al pie de tu cama, ven papeles, voltean y te ven a ti, alzan la vista y ven el monitor que está normalmente sobre tu cabeza, “cuchichean” algo, te ven, tú buscas una respuesta en su mirada, y lo único que ves son miradas frías, siguen hablando entre ellos, se retiran y te quedas preguntando ¿Qué???... Después de otras dos horas llega por fin el médico(a) y te dice –no encontramos nada mal, puede ser solamente dolores musculares- ¡¿Qué, queeee???! ¡Pero, sí sentías que no llegabas! ¡Sí sentías que ni siquiera tenías la fuerza suficiente para pisar el acelerador y llegar pronto al hospital! Y, a final de cuentas resulta que,,, ¡No tienes nada! Ya cuando te dicen eso empiezas a sentirte verdaderamente ¡Mal! Empiezas hacer cuentas 8 píldoras a $100.00 dólares cada una = $800.00, $500.00, por cada hora que hayas estado en el hospital en la sala de emergencias, $300.00 dólares por cada examen de sangre, dos bolsas de suero, el oxigeno, los parches donde te colocaron en montón de cables en el cuerpo y ahora lo único que tienes que hacer es… Abrir con mucho cuidado cada sobre que te llegue por correo, tienes que tomar un respiro, recorrer con calma la lista que llevará la cuenta y cuando llegues al final, resignación. Eso es lo que vas a pagar.

Miles de dólares para ir a que te dijeran que no tenías nada, aunque te sentías fatal, mejor te hubieras puesto una buena borrachera, para cuando menos tener un buen pretexto de hospitalizarte. Corría el mes de mayo del 2010, cuando me dieron la terrible noticia.

Los síntomas muy parecidos a los de este año que recién empieza. Visita al médico, diagnostico preliminar exámenes generales para asegurar y dar un diagnostico exacto. A las 3:00 pm se recibe el resultado, órganos afectados, hígado, corazón, pulmones, riñones y azúcar en la sangre. Inmediatamente a surtir medicamentos y cambiar por completo el estilo de vida.

Después de surtir el medicamento e iniciar el tratamiento indicado traté de hablar con alguien, solamente quería platicar, no pude tener comunicación, la persona con la que traté de hablar, me di cuenta por una nota en mi E-mail que andaba indignada por una tontería, ¡Qué sólo me sentí en aquella habitación de hotel y solamente preguntándome ¿Cuándo llegará el final?!

A partir de esa tarde hubo un cambio total en mi estilo de vida y en mi forma de ver las cosas, fueron meses de tratamiento hasta que vino un segundo examen, los resultados recibidos el 22 de septiembre del 2011 no podrían haber sido más buenos. ¡Todo en orden! Los resultados indican que desapareció todo aquello que supuestamente andaba mal.

Ese Día se retrasó el vuelo San Diego/Oakland tres horas, y, ¿Qué? Que se tarde más si gusta, ¡Yo estaba feliz!, disfrutando de la descortesía que se vive en cualquier aeropuerto del mundo, disfrutando del tumulto de un aeropuerto con gente molesta por el atraso en el vuelo.

Me dio hambre, hice fila para pedir algo de comer, con toda desfachatez llegó un individuo grandote, fornido y se metió por delante de mi en la fila, volteó a verme en forma retadora como diciendo “dime algo imbécil para que veas”, lo que vio en mi osco rostro fue una sonrisa de “esta bien, tengo todo el tiempo del mundo”, además que no debía de decirle nada, soy muy chaparrito como para ponerme con alguien así, sería un suicidio, y pues no era para tanto.

Durante el tiempo que duró el tratamiento médico, nunca le pedí nada especial a Dios, seguí pidiéndole los mismo de siempre, agradeciéndole por cada día que me permitía amanecer y aceptando todo lo que me permitía vivir cada día aún, y que parecieran momentos desagradables. Pidiéndole porque cambie el corazón de aquellos enemigos que gratuitamente salen, y sobre todo, agradeciéndole, por cada instante que me ha dado de vida.

Este año que recién terminó se fueron varios amigos, a ni uno quise ver en el ataúd, mejor los recuerdo como la última vez que los vi.

Eso me ha permitido disfrutar cada instante de vida que Dios me permite vivir, enfrentar los problemas sin hipocresías ni mentiras, disfrutar de las alegrías a plenitud sin límites.
Por eso, ¿Qué importa que haya empezado el año en una cama de hospital con otra falsa alarma? Al momento de terminar esta nota, aun no he recibido las facturas del hospital, pero que llegue.

Ahora más que nunca se que cada instante, en cada respiro, tiene uno que disfrutar de lo que hay en rededor nuestro, cada algo tiene su belleza y aunque sé que tengo un cuerpo viejo, aun no me dan deseos de sentarme en una banca de algún parque a darle de comer a las palomas, esa es una buena señal de que aun hay fuerzas suficientes para hacer muchas cosas, pero sobre todo, para compartir todo lo bueno que la vida me da con los demás.

Sigo haciendo la misma oración que siempre he hecho, con la diferencia que ahora aparte de pedirle a Dios, también me ofrezco para que el me guíe y me diga, ¡en que le puedo ayudar!

Este año que recién empieza, solo quiero sugerirles que disfruten cada instante que la vida les dé, pero sobre todo, cada instante que puedan compartir con los seres amados.

Gracias por tantos años de apoyo a esta columna y espero que este año sea de mucha prosperidad para todos ustedes. “Y USTED… ¿QUE OPINA?”


 

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